sábado, 29 de octubre de 2011

¿Antidepresivos deprimentes?

Del tema del título nos encargaremos más tarde. Primero, queríamos comentar varios asuntos que creemos importantes y que nos han llegado a través de la página de la plataforma No gracias, de obligada consulta.

La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFyC), la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) y la Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y Atención Primaria (FAECAP) han elaborado un escrito reclamando a las autoridades competentes que completen el famoso Real Decreto de prescripción por principio activo con las normas necesarias para asegurar la isoapariencia de los fármacos con principios activos idénticos. Ello evitaría la confusión de los pacientes ante múltiples aspectos tanto de cajas como de medicaciones, que además pueden ir cambiando con cada receta. Dicho documento fue recogido primero en el blog de Rafa Bravo y lo pueden leer aquí.

Señalaremos que, no obstante, nos parece un poco hipócrita tanta preocupación por parte de algunos profesionales de la medicina y de la industria farmacéutica por este tema, cuando no veían el mismo problema en cambiar risperdal por arketin o, más recientemente, zyprexa por arenbil... Y también, ante la crítica reiterada al decreto, desde distintos ámbitos, centrada en por qué prescribir por principio activo si ahora la marca vale lo mismo que el genérico, nos gustaría recordar que si las marcas han bajado el precio ha sido exclusivamente por efecto de este Real Decreto. Mucho nos tememos, pesimistas como somos, que la intensa campaña de desprestigio de los medicamentos genéricos llevada a cabo por la industria y muchos de sus médicos, desembocará en un cambio a la prescripción de moléculas con patente en vigor (paliperidona por risperidona, xeplion por risperdal consta, por ejemplo) con lo cual, no sólo el ahorro será escaso, sino que además someteremos a los pacientes nuevamente a fármacos menos estudiados y con menor experiencia de uso.

También en la página de No Gracias tuvimos conocimiento de un artículo escrito por Luis Carlos Silva, investigador titular y profesor del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, así como profesor de la Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba y Profesor Colaborador Asociado de la Escuela Nacional de Sanidad de España. En dicho artículo, el Dr. Silva hace un terrorífico recorrido por la historia del antidiabético Avandia, del laboratorio GSK, finalmente retirado del mercado después de que fuera relacionado con aumentos en la mortalidad que tardaron mucho más de lo debido en ser conocidos (por decirlo suavemente, en el artículo lo leerán mucho más clarito...). El trabajo se titula: La industria farmacéutica y los obstáculos para el flujo oportuno de información: consecuencias para la salud pública. Lo pueden leer  aquí.

Y ahora, vamos a entrar en nuestro tema de hoy, que fundamentalmente resume una entrada del genial blog Mad in America, de Robert Whitaker. Por él, tuvimos conocimiento de varios trabajos recientes sobre un concepto del que no habíamos oído hablar antes: la disforia tardía. Digamos antes de nada, que se trata de trabajos psiquiátricos escritos desde una perspectiva claramente biologicista. Vaya esto por delante para dejar claro que no estamos ante autores que teorizan acerca de la invención del constructo depresión tal y como lo usamos actualmente (teoría con las que, por otra parte, estamos en líneas generales bastante de acuerdo). Nada pues de psicoanálisis hablando de faltas neuróticas lanzadas al auto y heteroetiquetado como identidades depresivas desde las que acceder a diversos tipos de beneficios secundarios. Nada tampoco de antipsiquiatría hablando del consuelo psiquiátrico del paciente sufriente individual para no dejar que se pueda plantear ningún tipo de causa social de su malestar y le vaya a dar por intentar cambiar dicha sociedad. Nada de eso. En esta entrada recogemos opiniones de investigadores que se centran estrictamente en los mecanismo bioquímicos de los fármacos que prescribimos, y que cada vez más gente toma, y de sus posibles consecuencias.

Como señala Whitaker, en los años 90 el psiquiatra italiano Giovanni Fava, editor de Psycotherapy and Psychosomatics, ya se ocupó del tema, señalando cómo los psicofármacos actuaban a nivel cerebral modificando la homeostasis previa. Los antidepresivos ISRS, por ejemplo, actúan inhibiendo la recaptación de serotonina por la neurona presináptica, lo que conlleva un aumento de dicho neurotransmisor en la hendidura sináptica. Pero,a  la vez, el organismo intenta compensar dicho efecto, lo que lleva a una regulación que implica que la neurona presináptica coloca menos serotonina en la hendidura y la postsináptica disminuye la cantidad de receptores de serotonina disponibles. Otro investigador que ha abordado este tema es Rif El-Mallakh, autor de un reciente artículo en el que afirma que "hay indicios de que, en algunos individuos, el uso persistente de antidepresivos puede ser pro-depresivo". Rif El-Mallakh afirma que a principios de los años 90, el 10-15% de los pacientes con depresión mayor presentaban depresión resistente al tratamiento. Sin embargo, estudios de 2006 hablan ya de casi un 40% de pacientes con depresión resistente. Este autor recuerda que dichos años fueron los del boom en la prescripción de ISRS.

Comentaremos, por nuestra parte, que cada vez es más frecuente ver pacientes que llevan años y años en tratamiento antidepresivo. Las guías clínicas y diversos estudios (con aún más diversos conflictos de interés) inciden cada vez más en el riesgo de recidiva, en la necesidad de mantenimientos a largo plazo (¿de por vida?), o afirman supuestas neurotoxicidades que los antidepresivos vendrían a remediar (aunque distintos autores, anteriores a los años 70 y 80 del pasado siglo XX, catalogaban la depresión como un trastorno episódico que tendía a la curación... y eso que no contaban con nuestro seguro y eficaz arsenal terapéutico). Y tenemos miles (¿millones?) de personas en todo el mundo en tratamiento con psicofármacos antidepresivos durante lustros o décadas sin que haya estudios claros que midan sus efectos más allá de unos meses o poco más... Un tanto arriesgado desde el punto de vista científico, ¿no creen?

Pero volvamos al brillante trabajo de revisión de Whitaker, que continúa señalando cómo El-Mallakh defiende que el uso crónico de antidepresivos puede inducir procesos que son lo opuesto a lo que la medicación originalmente producía, por el mecanismo de compensación que Fava describió y que llamó "oppositional tolerance" (¿tolerancia opuesta?). Ello provocaría un empeoramiento de la enfermedad que podría no ser reversible. Este mismo mecanismo de "tolerancia opuesta" se ha hipotetizado que podría estar en la base de la discinesia tardía causada por neurolépticos. En el caso de los antidepresivos, la hipótesis sería que los pacientes, tras el tratamiento prolongado, terminan en un estado de depleción serotoninérgica.

El-Mallakh concluye su artículo afirmando que un estado depresivo crónico y resistente al tratamiento puede ocurrir en individuos expuestos a antidepresivos ISRS durante períodos prolongados de tiempo. Este estado crónico depresivo es denominado "disforia tardía".

Siguiendo la entrada de Robert Whitaker, hemos visto también un artículo publicado en Neurochemistry International (no dirán que el nombre no suena a científico y biológico, ¿eh?), en el cual se recoge una investigación en ratas sobre el efecto del tratamiento y retirada de ISRS (en concreto, citalopram). Los resultados indican que, tras 17 días de tratamiento, la cantidad de serotonina se había reducido un 60% en 9 áreas del cerebro de las ratas, como parte de la compensación del organismo ante el fármaco, produciéndose una disminución clara en la síntesis de serotonina. Por otra parte, tras la retirada del fármaco, se describen importante fluctuaciones en el metabolismo de la serotonina: la síntesis aumenta ligeramente pero, al no haber ya bloqueo a la recaptación, la cantidad de neurotransmisor en la hendidura sináptica disminuye. Estas fluctuaciones tras la retirada coinciden además con cambios observados en la conducta de los animales, consistentes en una reactividad aumentada al sonido (lo que ponen en relación los autores con el síndrome de retirada observado en humanos, con irritabilidad, ansiedad, malestar, etc.).

Otro artículo también comentado por Whitaker añade otro punto de vista. Si El-Mallakh avisa del riesgo de desarrollar disforia tardía por el mantenimiento durante largo tiempo de la medicación antidepresiva, Andrews y colaboradores se preguntan qué ocurre al interrumpir el tratamiento en lo referente al riesgo de recaída. Andrews lleva a cabo un metaanálisis de estudios sobre antidepresivos, diferenciando dos grupos. En el primero, los pacientes que originalmente respondieron a placebo y luego estuvieron en seguimiento también con placebo. En el segundo, pacientes que originalmente respondieron a un antidepresivo y que luego fueron seguidos con placebo. Evidentemente, la asignación original a placebo o medicación era aleatoria, no en base a las características clínicas del cuadro. El resultado, en un metaanálisis de 46 estudios, fue que el grupo que nunca había tomado antidepresivo recaía en un 24,7% y el grupo que sí había tomado y le había sido retirado luego, recaía en un 44,6%.

El final del análisis de Whitaker es demoledor: tomar el antidepresivo durante largo tiempo (hablamos fundamentalmente de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) puede inducir, por el fenómeno de tolerancia opuesta, un síndrome de disforia tardía, como defiende El-Mallakh. Pero tomarlo y luego interrumpirlo aumenta casi al doble las posibilidades de recaída por comparación con las que habría si no se hubiera hecho un tratamiento psicofarmacológico de ese tipo, como señala Andrews. Si, además, ponemos en relación estos datos con la evidencia que se va acumulando acerca de que los antidepresivos no son más eficaces que el placebo excepto en casos de depresión severa, el asunto se vuelve, en nuestra opinión, bastante preocupante.

En relación a este último punto, hace poco nos encontramos con un nuevo metaanálisis que estudia la eficacia de los antidepresivos respecto del placebo (otros anteriores, pueden consultarnos en esta entrada). Se trata de un trabajo publicado en The Journal of American Medical Association, que concluye que las ventajas del tratamiento antidepresivo frente al placebo aparecen en las depresiones severas, pero son mínimas o no existen en las depresiones leves o moderadas.

Resumiendo:

Cada vez más estudios y metaanálisis independientes encuentran que los antidepresivos no son más eficaces que el placebo en depresión, excepto en las más severas. Y, dado el argumento fácil de muchos profesionales de "yo veo que los pacientes mejoran", hay que señalar que estos trabajos no dicen que los antidepresivos no funcionan. Lo que dicen es que funcionan igual que el placebo. Pero sin efectos secundarios ni costes, claro.

Distintos trabajos, que hemos dejado enlazados a lo largo de la entrada, hablan del riesgo del consumo de antidepresivos (aparte de sus ya conocidos, pero muchas veces minusvalorados, efectos secundarios) en lo referente a la aparición de cuadros depresivos crónicos y resistentes, como consecuencia del tratamiento a largo plazo, o bien de aumento en la frecuencia de recaídas con la interrupción del tratamiento, una vez que el paciente ya lo ha tomado.

Entonces, ¿qué hacer? Si prescribimos un antidepresivo y lo retiramos, el paciente puede recaer. Si no lo retiramos, puede cronificarse... A no ser que lo que hagamos sea no prescribir un antidepresivo. No mandarlo en todos esos casos de depresiones leves o moderadas, de distimias, de trastornos inespecíficos de ansiedad, de personalidad, de duelos o problemas vitales... Cuadros todos ellos donde parece dudosa la evidencia de que realmente sirvan para algo.

Y también, ante el argumento de que los pacientes vienen con sus quejas y algo hay que hacer, igual deberíamos recordar que la primera regla en medicina era primum non nocere. Lo primero, no dañar. Si no tenemos fármacos razonablemente útiles y realmente seguros para todas las depresiones no severas (es decir, para todo lo que no sea melancolía, la cual es relativamente poco frecuente), entonces no habrá que usar fármacos de utilidad dudosa y seguridad cuestionable (por no hablar hoy del coste que, la verdad, nos parece secundario ante la preocupante información que parece desprenderse de los artículos que hemos comentado). Habrá que devolver a esos pacientes la responsabilidad en sus vidas y no buscar depresión donde hay malestar. O bien, habrá que aprender y aplicar psicoterapias de apoyo, allí donde sean necesarias y puedan ser útiles, siempre dentro de las posibilidades de nuestro sistema público de salud (cada vez más limitadas, es cierto, pero imagínense si sólo la mitad de todo el coste anual de los ISRS en este país se destinara a implementar recursos de psicoterapia breve de apoyo -breve como sinónimo de no cronificadora-).

En fin, que nos ponemos a soñar despiertos. Se nos critica a veces por parte de algunos amigos (y de muchos que no lo son) por hablar de psicoanálisis o antipsiquiatría. Hoy no dirán que la entrada no recoge planteamientos y trabajos dentro de la más estricta ortodoxia biologicista: todo neuronas, neurotransmisores y metaanálisis. Incluso unas cuantas ratas drogadas para medir la serotonina en condiciones. Pura ciencia. Y conste que reconocemos (y siempre lo hemos hecho) la ausencia de cientificidad del psicoanálisis. Pero, visto lo visto, no nos parece que andar prescribiendo antidepresivos a personas tristes o ansiosas, sin criterios reales de depresión grave, tenga tampoco mucha base científica.

Y a lo peor, es hasta más peligroso. 


18 comentarios:

  1. ¡¡¡¡pero compañeros, esto que decís es terrible!!!!
    ¡¡¡¡Si no podemos dar ISRS ¿que haremos?!!!!
    Tendremos que oír como el paciente se queja y después dejarle ir sin darle un objeto mágico-transaccional que le calme.
    Ningúna receta-ritual, ninguna disolución del problema en sus neurotransmisores....
    Tendremos que actuar en primera persona y no según las guías ....
    ¿que opciones hay?....
    ¿que busquemos soluciones a los problemas? ¿que no nos dediquemos a poner paños calientes? (que según la ciencia actual causan ampollas e impotencia funcional)
    Y lo que es peor... todos esos pacientes que se les ha dicho que lo suyo es crónico,que la pastilla de por vida; todos esos pacientes que se les ha dicho que no pasa nada por tomarlo durante años (sin apoyo bibliográfico de ningún tipo)...¿que pasa con ellos? ¿Podrán demandar a los psiquiatras por mala praxis?
    Si no llega a ser porque aquí nunca pasa nada (y si no mirar la talidomida), lo que llegaría a pasar.

    Por cierto: Si se demuestra -y cada vez esta más cerca- que gran parte de nuestro cacareado, novísimo y flamante arsenal farmacológico es nocivo.....¿qué futuro les espera a los psiquiatras bioquímicos y los grandes popes de la industria?
    que sepas que haré resumen/articulo en prensa/comentario en radio sobre esto.
    Necesario su difusión.

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  2. Muy interesante el nivel de argumentación; quedo más desorientado por la traducción concreta de "psicoterapias de apoyo", término que frecuentemente designa a "prestar la oreja" (lo cual tiene indudablemente algún valor) aunque asumo que no en este caso... Posiblemente los psicoterapeutas debiéramos empezar a argumentar mejor cuáles serían nuestras alternativas (fundamentadas y además económicamente viables) para el sistema de salud pública (complejísimo asunto, al menos en al primera parte). Repito: muy interesante; y agradecido por tanta referencia documentada.

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  3. Magistral artículo, José. He descargado dos de tus propuestas porque vamos a hacer una lectura analítica en nuestra Oficina de Evaluación de Medicamentos.
    Por cierto, me parece que los que te critican puedan ser injustos, porque la inteligente y valiente actividad que estás desplegando tiende a la realidad real frente a la realidad ingenua o muy ingenua. Por favor, somos miles los que admiramos tu trabajo.
    Galo Sánchez (Oficina de Evaluación de Medicamentos del SES)

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  4. Celebro con ustedes el descubrimiento de algunas falacias. La necesidad de medicar compulsivamente cuánto evento en la vida de un sujeto, algún displacer, algún malestar, el famoso spleen, alguna crisis vital, la menopausia, el duelo normal, el embarazo, la senectud, la infancia inquieta, la adolescencia inestable, en fin, medicar a todo aquel que pase por nuestra consulta y nos comunique alguna queja será medicado, previo diagnóstico de acuerdo a la biblia DSM IV, que si no lo haces, no te pagan la prestación médica. Complicidad, eso es lo que nos propusieron siempre, desde las páginas de las "prestigiosas" revistas "científicas", financiadas por la industria farmacéutica, con escribas a muy buen sueldo que siempre nos transmitieron-en lengua inglesa- los últimos descubrimientos y avances "científicos", que nadie puede refutar ni acceder ya que son verdaderos secretos guardados bajo siete llaves. Los prestigiosos congresos internacionales y al final del ciclo, queda creerle al visitador, que nos despliega maravillosos folletos. Celebro entonces que-ante el gravísimo panorama que se avecina-pensemos en cómo resolver de la mejor manera-sin descuidar a nuestros pacientes y la que es, la única misión del médico, ésto es CURAR.
    Mis saludos.

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  5. Muchas gracias por tomarte el trabajo de ir más allá del simple sentido común y buscar datos avalados por estudios que no se los salta un torero; la 'realidad real' (por usar la expresión de Galo Sánchez) es una situación bastante preocupante, y hay que poner bases firmes a las posiciones críticas con ese estado de cosas.
    saludos,

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  6. Jose, permite que le haga un comentario a Galo Sanchez en tu blog.
    Compañero: el comentario, ya aprecidado por Pere, de realidad real vs. realidad ingenua tiene una explicación -desde la psicología- y es que, en ocasiones, la ingenuidad es la más sutil de las perversiones (Tizón dixit)

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  7. Enrique Hernandez Reina30 de octubre de 2011, 20:13

    "Mas Platon y menos Prozac"... ¿Vuelta de tuerca hacia una Clinica de la escucha y la palabra?
    Pues "p´a di y veni, mas vale no di".

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  8. Felicidades por la entrada, me vino de perlas pues precisamente estaba estudiando sobre el tema, concretamente sobre un gen que presenta dos alelos, uno largo (L) y uno corto (S). Parece ser que si se presenta la forma homocigoto S el efecto viene a ser el mismo que si se estuviera tratado con antidepresivo durante todo el desarrollo provocando, al final, que la actividad serotoninérgica sea menor. No se si esto se puede correlacionar con el efecto del uso prolongado de antidepresivos...
    Y ahora a lo mio:¿ creéis que lo que ocurre con los antidepresivos es extrapolable al metifenidato y la dopamina? Me gustaría saber vuestra opinión porque si es así el señor Galo Sanchez ya tiene más trabajo.
    Perdonadme si he dicho alguna barbaridad, los que me conocéis ya sabéis que soy profano, aunque me esfuerzo...

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  9. Muchas gracias a todos por los comentarios.

    En lo referente a la pregunta de Jordi, no conocemos el tema en profundidad pero, en principio, casi todos los psicofármacos que usamos intervienen en la neurotransmisión a diferentes niveles (bloquean la recaptación, antagonizan, agonizan parcialmente...) por lo que parece lógico pensar que, en cada caso, el organismo lleva a cabo sus ajustes para intentar compensar la homeostasis perdida. Otra cosa son las consecuencias que dicho ajuste conlleve, que parecen negativas en el caso de los ISRS y que, evidentemente, deberían ser bien estudiadas para los demás psicofármacos, teniendo en cuenta además que muchas veces se prescriben por muy largos períodos de tiempo.

    Saludos.

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  10. Otro aporte posible, más allá de las psicoterapias: ¿Porqué no plantearse procesos de transformación social que nos permitan enfrentar y asumir nuestra responsabilidad y capacidad individual y colectiva? Porque cuando la causa de tantas de estas situaciones y "cuadros" se relaciona con la manera de organizarse de la sociedad, con procesos tan "enfermantes" como el paro, la soledad, la incomunicación, la impotencia o incapacidad para tomar las riendas de la propia vida... ¿Las soluciones no tendrían que apuntar más lejos, hacia los famosos determinantes sociales en salud, sin olvidar, claro está, las necesidades personales de autorealización?

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  11. Alguna información en esta linea la podéis encontrar en el siguiente artículo...

    http://cpancf.com/articles_files/antidepressantmedicationchildrenadolescents.asp

    Podría entenderse como una segunda parte -pesimista pero real- de vuestra entrada, ¿qué ocurre después de la depresión deprimida? En algunos casos, el temá más tabú de las psicociencias, el suicidio.

    Como siempre, una gran aportación vuestra entrada.

    Un saludo,

    Eduardo

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  12. Una entrada MAGNÍFICA. De nuevo, enhorabuena.

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  13. Entre un remedio barato y potencialmente eficaz como es la pastilla y sus efectos y otro caro y potencialmente eficaz como es la palabra y sus efectos, el ser parlante sufriente busca alivio. Los mejores clínicos que conozco utilizan en tiempo y forma el fármaco y consiguen con sus intervenciones al movilizar esas zonas oscuras que perpetúan el malestar; es decir, consiguen sorprenderlo o al menos seducirlo o sugestinarlo por usar un término menos engorroso. Son a estos clínicos a los que mejor funcionan los medicamentos. La pregunta es ¿qué causó la mejoría? Utilizar una pócima tiene sus ventajas: recoge la sabia tradición druida, modernizada por el aval científico (leer prospecto) y por el aval social de de una globalizada cultura del consumo. y también permite, entre otras, al usuario/a más rígido un planeo pausado alrededor de sus defensas puestas en cuestión "Dr. que depresión tenía y gracias a la pastilla...". Gracias a la pastilla vamos resolviendo como podemos los malos Avatares de nuestros paisanos por turnos de 15 por consulta. A veces e difici "lo no pueé zer además e impozible" cambiar esa pastilla compañera fiel sin la que uno/a ya no puede sobrellevar su infelicidad. Uno hace lo que puede y educa a los que se quieran educar. Por otro lado intentar ponerle una etiqueta a un síndrome dudoso como la disforia tardía terminará siendo un buen reclamo para nuevos antidepresivos noISRS que no la producirían. Resumiendo, yo que vengo de una época en la que poníamos Anafranil 10 mgrs. 1.1.0 y el gran Mutabase 2/25 por la noche agradezco sinceramente la posibilidad de dar Platón o Prozac asegún y como sea el paciente o te coja el cuerpo "que todos los días no son días de fiesta". Fdo. Pink Froid.

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  14. Hola, lo primero felicitaros por el blog. Es de agradecer para una mente tierna como la mía, llegar a casa y poder echar un vistazo por aquí, tras el "es que tenemos el zyprexa a precio de puta (sic)", con inefable afectación por parte de la visitante de marras y apoyo de tus médicos responsables incluido. Bueno, no es doy la turra más. Os escribía para dejaros ésto (http://www.elcomercio.es/v/20111109/asturias/psiquiatras-cargan-contra-genericos-20111109.html), que seguro os va a gustar.

    Salud y abrazos,

    j.

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  15. Hola, Me llamo Federico Abril y escribo desde Tucumán (Argentina). Muy interesante el artículo y sirve como disparador para pensar algunas prácticas que hacemos muchas veces por costumbre. Yo apoyo el criterio de medicar solamente las depresiones severas y evaluar continuamente la utilidad del tto a largo plazo. Ahora bien, debo hacer una justa defensa del uso de psicofármacos en trastornos mentales graves como la esquizofrenia, trastornos graves de personalidad (borderline con gran impulsividad e inestabilidad), trastornos bipolares. Les cuento que en mi ciudad aumentó dramaticamente el uso de sustancias ilegales (cocaína, marihuana, etc) y esto complejizó sobremanera el abordaje de los pacientes psiquiátricos crónicos (duales), en estos casos es innegable el uso de psicofármacos. En conclusión el fármaco es una buena herramienta siempre que se haga un uso racional de la misma. Saludos

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  16. ¿La homeostasis perdida por el fármaco o ya estaba perdida previamente por la enfermedad? ¿no pretende el fármaco recuperar la homeostasis?. Habrá que buscar estudios de "divanorias" crónicas de gente disgustada tratada durante años con brillantes psicoterapias que las hay os lo aseguro. Mucho habría que decir de uno y otro lado, donde se quiere encasillar a todos los mortales de este negocio. Manuel Rodríguez

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    1. Manolo, creo que señalas precisamente una de las claves del asunto. Históricamente, primero aparecen los psicofármacos y luego, a consecuencia de ellos, las teorías de neurotransmisión afectada como causa de enfermedad mental. La cuestión es que no está demostrado si primero falla la homeostasis y el fármaco viene a corregir, o si la depresión obedece a otras causas (biológicas o no), y el efecto del fármaco sobre la neurotransmisión es lo que causa la mejoría (o a veces no). Es el caso del ejemplo típico del paracetamol y la cefalea. El primero alivia la segunda, pero la causa de la cefalea no es el déficit de paracetamol...

      Algunos autores (Johanna Moncrieff, por ejemplo) defienden que no está demostrada la alteración en la neurotransmisión en la génesis de las enfermedades mentales, pero que el efecto sí provocado por los psicofármacos en dicha neurotransmisión tiene desde luego sus consecuencias, a veces beneficiosas y a veces no.

      En cuanto a las psicoterapias, por supuesto que en gran parte de los casos son también un negocio para gente que realmente no las necesitaría y que también queda expuesta a iatrogenia por ello. Algo señalaron sobre ello Ortiz e Ibáñez en un gran artículo sobre prevención cuaternaria que colgamos en otra entrada.

      Un gran abrazo.

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  17. Navegando he encontrado vuestro fantástico blog y tengo algunas reflexiones:
    Pero hay algo que a mí siempre me ha sembrado la duda con ISRS: los pacientes con trastornos de ansiedad grave como por ejemplo una combinación de agorafobia y ataques de pánico en el mismo cuadro que los he recuperado de un encierro total,enclaustrados en casa,a volver a vivir gracias a esta familia de medicamentos.
    Qué hacemos con ellos?: les quitamos la pastilla (ISRS) que los revivió y los enviamos a una psicoterapia que nunca les funcionó o nos forzamos a volver a los tricíclicos a dosis elevadas y todos sus efectos secundarios.
    Qué pensáis?.
    El Hispano.

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